Se tiene un concepto totalmente equivocado de que cuando te conviertes en padre te vuelves soso y aburrido, y os puedo asegurar que es todo lo contrario. De echo, he de confesaros que la idea de escribir este post surgió ayer a las 7:30 de la mañana cuando estaba de “marcha” disfrutando de las fiestas de mi pueblo.

Mirando alrededor había muchísimos jóvenes, pero también había muchísimos padres, la mayoría de nosotros entre los 27/37 años, todos disfrutando de una noche de fiesta, bailando como los que más. Porque cuando te conviertes en padre consigues una especie de “super poderes” que te hacen que puedas levantarte a las 7 de la mañana, estar con tus hijos todo el día, cenar con los amigos, salir, acostarte al día siguiente cuando ya es de día, levantarte para comer, y además sin tener casi resaca; porque la resaca es algo que ya no nos podemos permitir, porque los niños no entienden de horas de sueño y porque una vez que ellos despiertan vuelves a estar en marcha al 100%.

Personalmente disfruto más de estas noches, pues son ocasiones especiales, y las aprovecho al máximo. Me lo paso mejor que antes y lo vivo de otra manera, porque la perspectiva de esta vida cambió cuando me convertí en madre y lo hizo en todos los aspectos.

Por otro lado al ser padres volvemos a recuperar ese niño que llevamos dentro, que nos hace perder la vergüenza cuando estamos con los niños, bailar, jugar, tirarnos en el suelo, saltar en los parques, tirarnos juntos por los toboganes…nos hace disfrutar de cada segundo con ellos con su misma alegría e ilusión.

Porque ser padres es divertido, porque se aprende a valorar lo realmente importante y a disfrutar de cada segundo mucho más, porque tienes que estar activo las 24 horas del día, porque igual no salimos una tarde a tomar café al bar pero nos lo estamos pasando en grande jugando en el parque de bolas con nuestro hijo, porque aprendemos a poder con todo y porque todo es más bonito si tenemos a los hijos a nuestro lado.

Hoy mi post va por todos nosotros, los padres, que hacemos malabares con el tiempo para estar con nuestros hijos, porque antes dormíamos 9 horas y ahora dormimos 5 pero seguimos siendo felices, en mi caso, cada día, todavía un poquito más.

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