Todo llega

Tendemos a pensar siempre en el futuro sin pararnos demasiado a disfrutar del presente: nos pasamos mucho tiempo preparando un viaje, y nada más comenzarlo empezamos ya a pensar en el siguiente; o esperamos meses a recibir un esperado regalo de cumpleaños, y nada más abrirlo nos ponemos a pensar ya en lo que pediremos en Navidades…cuando nos convertimos en padres esto se multiplica por 10, sobretodo si somos padres primerizos (sólo tengo un hijo, pero la experiencia de los padres de más de un hijo con los que he hablado es la contraria, no quieren correr, sino ralentizar el crecimiento de su segundo, tercer o “último” hijo todo lo posible)

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Recuerdo que cuando mi hijo tenía 2 meses me leí todos los libros de Ana Isabel Fraga (Susurradora de Bebés) para encontrar claves para que durmiera bien; porque pensaba que ya nunca volveríamos a dormir.

Recuerdo que se nos hacían las 16 o las 17 de la tarde para comer todos los días y que la mayoría lo hacía con él al pecho porque sino yo no tenía tiempo ni para comer. Qué me preguntaba cómo lo hacía la gente para poder ir a trabajar si cuando nosotros teníamos que ir al pediatra a las 12 de la mañana, nos levantábamos antes de las 8 y aún así llegábamos tarde.

Recuerdo que al principio le tranquilizaba mucho el sonido de la campaña de la cocina, y sólo se dormía si lo mecía mientras lo escuchaba; que el simple “clic” al apagar la lámpara de la mesilla le despertaba y dormíamos muchas veces con la luz encendida (otras era porque nos dormíamos mientras el brazo hacía el recorrido hasta el interruptor).

Recuerdo que no había forma de que se durmiera en el carrito y por lo tanto salir mucho con él terminaba convirtiéndose en una huída rápida a casa para que estuviera tranquilo y pudiera descansar; pensábamos que nunca podríamos salir de casa con él, ahora lo difícil es poder entrar.

Recuerdo que de recién nacido se encanaba y sólo se calmaba al pecho; me preguntaba cómo iba a estar tranquila dejándolo en ningún sitio si se encanaba tan facilmente; desde los dos meses no ha vuelto a encanarse nunca más.

Recuerdo que con 3 meses ya estaba deseando que tuviera 4 para comenzar a introducirle algún alimento a ver si le gustaba; recuerdo que estaba deseando que se sentara, gatera, andara…Como padres primerizos siempre estábamos deseando que llegara alguna situación posterior, y de repente, te plantas en los 3 años sin darte cuenta viendo que todo eso que esperabas ha llegado y que cada día el tiempo se multiplica y pasa más y más rápido.

Es entonces cuando quieres que todo vaya más despacio, ¿dónde está mi bebé? me pregunto yo ahora, si ya hace muchos días que tengo un mini hombrecito en casa.

Recuerdo que me decían que aprovechara, que luego no me acordaría de cuando era bebé y yo pensaba que era imposible no recordarlo; ahora les doy la razón, gracias a los recuerdos fotográficos, a los videos, podemos revivir muchos de esos momentos; porque vivimos tantos momentos desde que nos convertimos en padres y tan rápidos, aunque a veces no lo parezca, que nuestro cerebro es incapaz de almacenar y recordar todos ellos.

Recuerdo que antes de ser madre decía muchas cosas, y que hace ya 3 años que me las voy tragando todas, poquito a poquito…

Por ejemplo, yo siempre decía que mi hijo se dormiría solo, pero por lo visto Álvaro no pensaba igual que yo, y declaró tener “bracitis” desde que nació, y por supuesto que yo no se la iba a negar. Se acostumbró a dormirse en brazos y al principio le daba muchas vueltas a la cabeza; había otros niños que se dormían solitos ¿porqué el mío no?…pero llegó un día en el que me dí cuenta que nada es para siempre, que todo pasa, que hay que hacer cada cosa en su momento, y que tenemos que adaptarnos a las necesidades de los niños. Si a mí no me importaba dormirlo en brazos y era lo que él quería ¿porqué se lo iba a negar?.

Así estuvimos durante un tiempo y todo iba bien hasta que creció y para nosotros cada vez era más difícil dormirlo de ese modo. Cuando vimos que había llegado el momento y que él era capaz de hacerlo, decidimos “juntos” dejar los brazos; le acompañábamos hasta que se dormía pero ya no era necesario cogerlo. Costó tiempo, y muchas cabezadas al lado de su cama, pero así él se sentía bien y nosotros también por estar ayudándole y por estar haciéndolo de la forma que a nosotros nos parecía más adecuada. Cada vez le costaba menos dormirse (y además las noches normalmente las hacía de tirón).

Ahora, con 3 años no sabemos bien como ha pasado, pero el “milagro” que esperábamos casi desde que nació ha ocurrido, ¡ya se duerme solo!, ha pasado tiempo y nos hemos ido adaptando a él y él a nosotros; no ha ocurrido en un mes, pero finalmente lo hemos conseguido.

Nos está pasando igual, por ejemplo, con el chupete; por edad habría que haberlo quitado hace tiempo, pero no lo veo preparado; sé que llegará un momento en que lo esté y lo haremos juntos, pero ese momento todavía no ha llegado y no me importa, porque cuando te conviertes en madre o padre, poco a poco aprendes a que te importe más bien poco lo que opinen los de alrededor, te da igual que te miren raro o lo que te digan, aprendes a ser consecuente con lo que crees, con el modo en el que quieres educar y cuidar a tu hijo y al final vas adaptando tu vida a ello, y vas aprendiendo a disfrutar de cada segundo y a afrontar “dificultades” de modos diferentes según las experiencias que vas viviendo con ellos.

La conclusión que saco es muy sencilla: todo llega; antes o después, pero llega.

Por mucho que nos imaginemos lo que es tener un hijo no podemos saber lo que es realmente hasta que nacen, y entonces parece que los “problemas” o dificultades que surgen nos van a acompañar toda la vida, pero no, todo llega; vuelves a tener vida en pareja, vuelves a salir de casa, vuelves a ver películas en el sofá y a hacer cosas que al convertirnos en padres creemos haber perdido para siempre. Como para la mayoría de las dificultades que aparecen con los niños sólo hace falta paciencia, pues nada dura para siempre, ni lo bueno ni lo malo; todo va y todo viene y lo mejor es ir adaptándonos según creamos y según realmente queramos.

Las condiciones actuales que tenemos en este país no nos ayudan mucho a ser pacientes, sobretodo en el día a día; con el ritmo que llevamos, teniendo que trabajar todo lo posible para poder sobrevivir, y si no trabajamos viviendo agobiados, haciendo malabares para poder subsistir…

Pero al fin y al cabo, el día que no estemos aquí las prisas, los agobios, los enfados o los gritos no nos habrán servido para nada, sólo nos servirán los momentos felices vividos, los días en los que disfrutamos del presente olvidándonos del pasado y el futuro. Aunque a veces cueste es importante acordarnos de que todo llega, en lo bueno y en lo malo, en lo difícil y en lo fácil, y mientras esperamos seguiremos llenando nuestra maleta de momentos y recuerdos inolvidables; no hace falta pedir mucho pues una sonrisa de nuestros hijos ya hace que esa maleta pese muchísimo, y solamente con todas las que nos regalan al día ya tenemos de sobra para un equipaje más que pesado.

Sé paciente, sonríe, y haz sonreír a tus hijos por lo menos la mitad de veces que ellos te hacen sonreír a tí al día. Por lo demás no te preocupes, porque todo llega 🙂

  One thought on “Todo llega

  1. 7 abril, 2015 en 20:09

    Fantastico articulo.
    Muchas gracias!

    • 8 abril, 2015 en 21:09

      Muchísimas gracias Julia, me alegra que te haya gustado 🙂

  2. 9 abril, 2015 en 12:18

    Uffff me ha encantado tu post, muchísimas gracias por compartirlo conmigo!

    Me siento totalmente identificada. Mi niña tiene 17 meses y hemos vivido en un continuo “hay que ganas de que haga esto, que ganas de que ande sola, que ganas de que hable, que ganas de que…” por la ilusión de ver como poco a poco crece y consigue sus logros.
    Pero cuando echas la vista atrás te das cuenta de que tu bebé ya no es un bebé. Que ya camina sola, habla (la mía hasta canta!!), come de todo… Y yo al menos siento muchísima melancolía. Me he propuesto tomarme las cosas con más calma e intentar disfrutar más el momento.

    Hace unos días, cuando mi niña empezó a correr sola je je escribí esto:

    “Y de repente un dia echó a correr…
    Y de repente ya no le apetecían tanto mis brazos…
    Y sentí como una parte de mí se alejaba para siempre.
    Sentí que mi bebé ya nunca mas volvería a ser un bebé…
    Sentí tanta melancolía…”

    Y así me siento. Melancólica.
    Y aceptando, como dices, que todo llega y que el tiempo pasa demasiado rápido.

    Un beso enorme y muchas gracias por el post ❤️

    • 13 abril, 2015 en 20:14

      Es cierto, a veces nos dan ganas de volver atrás y volver a disfrutar esos momentos verdad? Aunque intentes disfrutar de cada segundo con ellos siempre queda la sensación de que se nos han perdido muchas cosas por el camino. Todo llega y además, cuando se trata de los niños, llega muy deprisa!!

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