Y por fin ha llegado noviembre: 37 semanas de embarazo

Noviembre, ese mes que llevamos esperando tanto tiempo por fin está aquí, el mes en el que podremos por fin conocer a Inés, abrazarla, achucharla y darle la bienvenida a nuestra vida para siempre.

Desde aquel 25 de marzo en el que descubrimos que por fin seríamos papás de nuevo hemos hablado muchas veces de este mes, incluso Álvaro contaba los meses que faltaban para la llegada de su hermana y ya estamos aquí, a sólo unas semanas del gran día 🙂

¿Cómo me siento?

Ahora mismo creo que la forma más sencilla de explicarlo sería decir que soy una hormona con patas, tengo tantos cambios de humor a lo largo del día que ya no sé ni cómo me encuentro. Este punto del embarazo creo que es uno de los más difíciles pues ves cerca el momento, lo que te hace sentirte tremendamente feliz pero a la vez ves que todavía te queda esperar un poquito más cuando sientes que ya has esperado suficiente.

Por un lado te gustaría dar a luz ya y tener a tu bebé en brazos cuanto antes, pero por otro prefieres que espere hasta el final pues siempre es mejor que esté en la tripita de mamá todo el tiempo posible. Al final es una lucha de razón y corazón constante, que si la unimos al coctel hormonal de una embarazada a punto de parir, es como una bomba de relojería.

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¿Cómo estoy físicamente?

Pues si tuviera que contestaros hoy (y en general los últimos días) os diría que hecha polvo. Desde la semana 30/32 comencé a tener contracciones más a menudo, varias al día pero sin ser muchas, contracciones de Braxton Hicks o de entrenamiento como también se conocen. Es normal, porque el cuerpo tiene que ir preparándose poquito a poco para lo que está por llegar; pero desde la semana pasada me visitan mucho más a menudo, llego a tener episodios de varias horas algunos días y al final me desesperan; primero porque me dejan agotada, y segundo porque son horas en las que inevitablemente tengo que estar pendiente del reloj, de ver si llegan a ser regulares, y además estoy pendiente de si son más fuertes o se quedan en eso. Con estos episodios tan largos de contracciones (me puedo pegar 8 o 10 horas con ellas sin llegar a parar) ya me ha tocado visitar el hospital en el que me dijeron que sí, que el cuello había comenzado a borrarse (además he expulsado el tapón), y que había 1 cm de dilatación, pero que ello no quería decir nada pues podría ser que me ponga de parto mañana mismo o que me meta en la semana 41, y eso lo sé bien, pues con Álvaro estuve así mucho tiempo…

En la semana 31 estaba de parto y finalmente tras varios días ingresada lo consiguieron parar, luego volví a ponerme de parto en la semana 36, ya no lo paraban así que simplemente dejaron seguir el curso de las cosas, y con el 90% del cuello borrado y 2 cm de dilatación el parto se paró solo; tocó volver a casa y no fue hasta estar de 39 semanas y 6 días cuando por fin Álvaro nació. Por ello esta vez no espero nada porque todo es posible; tanto que mañana os esté contando que he dado a luz como que en diciembre os cuente que todavía sigo de espera, pues en realidad salgo de cuentas la última semana de noviembre.

Diferencias entre el primer embarazo y el segundo

Si me pongo a enumerar no paro, pues como os he contado alguna vez el embarazo de Álvaro fue bastante difícil y por suerte este no ha sido así.

Me queda la satisfacción de haber podido disfrutar de un embarazo, de que a pesar de los miedos cada vez que acudes a consulta, te hacen un análisis o te realizan una ecografía; he podido escuchar siempre de boca de los médicos un “todo va bien”, sin peros detrás, pues con mi primer hijo siempre había un pero u otro. Además me he sentido más conectada con mi niña y con mi cuerpo en general y esta vez he disfrutado de un embarazo mucho más consciente.

Por contra esta vez he ido mucho más cansada, y sobretodo estas últimas semanas lo estoy notando todavía más. En el primer embarazo tuve que hacer reposo total casi todos los meses del mismo, y esta vez me tocó trabajar hasta los cinco meses, lo que al principio me hacía ir agotada; y luego, una vez de baja, he tenido que estar pendiente de Álvaro todo el tiempo, y aunque vaya al cole, o tenga a mi marido para hacerse cargo de él también no es lo mismo que con el primero, ni el descanso diario ni el nocturno.

Me ha gustado mucho poder compartir este embarazo con él, con el super hermano mayor que estoy segura de que va a ser, es mucho más cansado que el primero, pero también es muy bonito, ver cómo se va creando ese vínculo tan fuerte también con ellos desde que están en la tripa; cómo le habla a su hermana y ella le responde con alguna de sus pataditas, o cómo sonreía cuando le escuchaba hablar mientras me hacían la ecografía 5D.

Yo no tengo hermanos, y no sé lo que se siente, pero siempre soñé con poder tener dos hijos, con poder darle un hermano o una hermana a Álvaro y me hace muy feliz saber que estamos tan cerquita de hacerlo realidad.

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¿Cuándo nacerá?

Evidentemente no lo sabemos, es algo que estaría bien saber para no tener que estar las últimas semanas llena de incertidumbre, y sobretodo para poder decírselo a Álvaro al que le tranquilizaría mucho saber el día exacto que va a nacer su hermana pero no lo sabemos, así que…¿hacemos apuestas?

Mi hijo Álvaro al principio dijo que creía que nacería entre el 8 y el 10 de noviembre, pero luego cambió al día 21 (incluso ha puesto Inés en el calendario y lo ha rodeado, así que si acierta me lo llevo corriendo a comprar lotería para esta Navidad); mi marido dice que el día 28, cosa que también es probable pues es el día de su cumpleaños y el de su hermana, se llevan 10 años justos así que sería chulo que Inés también naciera ese día pues tendríamos que celebrar su cumple, el de su papi y el de la tía Cris.

Yo siempre he dicho que me gustaría que naciera la semana de mi cumpleaños (cumplo 30 el día 18), es más me decanto por el día 15, y posibilidades hay porque el 14 tenemos luna llena, y no cualquiera, sino una “superluna” que no volverá a estar tan cerquita de la tierra hasta 2034.

Sea cuando sea está claro que lo único que quiero es que todo salga estupendamente, poder tener un buen parto (ojalá consiga tener el parto con el que llevo soñando estos últimos meses) y disfrutar de Inés desde su primer segundo de vida igual que he hecho desde el primer segundo de este embarazo.

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