…quiero a mi hijo tanto como tú.

Hoy vuelvo a la carga con el blog y lo hago con un tema muy especial que ya viví con Álvaro y que ahora he vuelto a revivir con Inés. Un tema con el que muchas os sentiréis identificadas y que otras muchas criticareis, hoy no me importa, esta vez estoy preparada.

pecho

La lactancia materna es lo mejor para el bebé, hasta ahí todos estamos de acuerdo, pero este tema ha llegado a un punto un tanto hiriente que a veces puede hacer daño a muchas mamás…la gente se acerca a ti, mira a tu bebé y antes de que pasen dos minutos te está preguntando si le das pecho o biberón, habría que contestar muchas veces un “no es de tu incumbencia” (por no decir a ti que te importa que queda un poco peor), pero cedemos y damos todas las explicaciones del mundo. En ese momento esa persona te juzga según una escala que últimamente está muy arraigada en esta sociedad:

  1. Si respondes que das el pecho y que además es lactancia exclusiva te conceden el título de madre excelente
  2. Si das lactancia mixta lo estás haciendo regular (cuando os aseguro que esto conlleva doble trabajo, pues además de dedicar todo el tiempo del mundo al pecho tienes que estar pendiente de los biberones)
  3. Y si das biberón está claro, eres una madre pésima

Así, sin más, sin saber si cuidas a tu bebé, si lo mimas, si lo besas, si lo abrazas; sin saber el motivo por el cual no estás dando lactancia materna exclusiva a tu bebé. Hay veces que es decisión propia de la madre, pero hay otras ocasiones en las que son las circunstancias las que deciden por ti. ¿Se preocupa esa persona que te juzga de saber si has tenido algún problema que te impida dar el pecho? ¿sabe acaso lo que te has esforzado en conseguir que la lactancia saliera adelante para finalmente tener que desistir? no, simplemente escuchan la palabra biberón y además de juzgarte por ello, si has tenido problemas para dar el pecho te hacen sentir como una auténtica mierda.

¿Por qué se juzga si una madre da pecho o biberón y no se juzga si unos meses más adelante le da siempre potitos preparados en vez de ofrecerle frutas naturales, por ejemplo?

Con Álvaro salí del hospital con lactancia mixta: fue un Cir, nació con 2460 gramos y un hambre atroz y además a mí no me subía la leche. Finalmente me subió estando ya en casa pero en casi todas las tomas tenía que complementarle porque producía muy poca cantidad hasta que a los dos o tres meses decidí dejarlo porque ya no tenía leche y por mucho que me lo pusiera (por eso de que cuando más te lo pones más produces) yo seguía sin tener. Creía que lo había intentado por todos los medios, pero aún así cuando lo comentaba con alguien los “no te lo pondrías bien” o “no lo harías de la forma adecuada” me hicieron pensar que había sido culpa mía, “yo lo he hecho mal”, “todo el mundo sabe pero yo no he sabido hacerlo” o “no valgo para ello”, pensamientos que sin duda te hacen sentirme más que mal por no haber sido capaz de poder aportar a tu hijo aquello que es mejor para él, momentos duros en los que “ayuda” un montón que además te juzguen cada vez que te vean dar un biberón a tu hijo… Lo pasé mal con la lactancia, tanto por dolores como por no tener suficiente y decidí que si tenía otro hijo no lo volvería a intentar.

Pero…llegó el embarazo de Inés y con ella dentro de mí decidí que sí, que esta vez podría salir bien y que ella se merecía que le hiciera ese regalo, así que sin dudarlo estaba decidida a una lactancia materna exclusiva. Inés nació también pequeña (2640 gramos), con el mismo hambre atroz que su hermano, y a mí en el hospital tampoco me subió la leche, la historia se repetía…pero una vez en casa la leche por fin subió. No tenía mucha pero sí era más que con Álvaro; aunque poco a poco la producción fue disminuyendo de nuevo (y os aseguro que de 24 horas del día Inés pasaba en el pecho por lo menos 20, y que succionaba genial y con mucha fuerza), pero llegó un momento en el que ella necesitaba más y yo cada vez tenía menos. Las tomas se convertían en hora y media o dos horas al pecho para terminar llorando como una loca y tener que darle biberón. Mi hija pasaba hambre, al igual que Álvaro, así que al final, hace unos días decidí dejar de intentarlo y comenzar sólo con leche artificial. Esta vez he hecho todo de forma diferente, me informé, me asesoré, pero mi cuerpo ha respondido del mismo modo las dos veces. A lo mejor es que yo por un motivo que desconozco produzco menos leche, a lo mejor no es culpa de hacerlo mal, pues han sido dos actuaciones distintas con un mismo final. La gente que me pueda juzgar no sabe la historia que hay detrás, no sabe que es un quiero y no puedo, y no sabe que muchas otras madres se encuentran ante la misma situación por mil motivos diferentes, y que sus juicos pueden hacerles daño.

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Me gustaría haber podido dar lactancia materna exclusiva a mis dos hijos pero no ha sido así, no estoy dispuesta a que pasen hambre, y a verlos pasarlo mal por algo que por más que intente no tiene solución. Ambos han estado mucho más felices desde el momento en el que les he dado el biberón porque mi leche no era suficiente para ellos, y yo, a pesar de pasar unos días malos en el momento en el que he visto que no podía ser, estoy feliz de verlos bien, estoy tranquila de haberlo intentado y ya no me culpo por haberlo hecho mal. Esta vez no me importa lo que digan pues lo único que me importa es el bienestar y la salud de mi hija.

Tengo una amiga, por ejemplo, que lo intentó con su primera hija y que al final terminó pasando por quirófano por culpa de una mastitis que se agravó, y lo primero que hizo hace unos meses al enterarse de que estaba embarazada de nuevo fue preguntar si podría dar el pecho; evidentemente le dijeron que no, ¿que culpa tiene ella de no poder hacerlo?. No podrá amamantarle, igual que yo no puedo hacerlo con Inés ni pude con Álvaro, pero eso no significa que no vaya a quererle, a mimarle, y a achucharle o a criarle con todo el apego del mundo.

Somos muchas las personas que por un motivo u otro terminamos dando el biberón sí, pero no por ello somos peores madres, no por ello lo hacemos peor y sobretodo no por ello queremos menos a nuestros hijos.

 

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