Yo tampoco llego a todo

El fin de semana pasado colgué una foto en Instagram de mi “vida real”, mi cocina sin recoger, porque como tú yo tampoco llego a todo.

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Las redes sociales son un medio de contacto y comunicación estupendo, yo por ejemplo estoy enganchada a Instagram (y eso que no he caído todavía en stories, videos en directo…sigo a la vieja usanza con las fotos y los videos sólo en mi panel); es una red social estupenda, pero muchas veces engañosa pues tendemos a compartir sólo las cosas buenas: colgamos fotos cuando nos arreglamos, cuando estamos de vacaciones, cuando hacemos excursiones, cuando estamos felices…y muchas veces sin querer se crea un mensaje contradictorio que nos hace pensar que esas mamás llegan a todo y nosotras no:

“Mira que mona va siempre y a mí no me da tiempo de arreglarme y ponerme así de guapa ni de coña “…esa persona también se levanta con ojeras y pelos de loca, también es real, lo único es que a lo mejor ella es capaz de despertarse media hora antes por la mañana para ponerse mona y tu prefieres estar esos 30 minutos en la cama (eso me pasa a mí, que por mucho que me lo propongo la cama siempre me puede)

“Vaya salón más bonito y ordenado, por el mío parece que ha pasado el séptimo de caballería”…a lo mejor esa persona lleva media hora ordenándolo y poniéndolo bonito para la foto y tiene a su hijo sentado en la trona para que no toque nada, en el momento en el que lo baje su salón será como el tuyo…o peor

“Mira ese video, cinco hijos y le obedecen todos, yo con uno no puedo ir ni a comprar el pan”…a lo mejor esa persona ha tenido que sobornarles previamente con un kilo de chuches para cada uno si eran capaces de sonreír, portarse bien y parecer angelitos en los 5 minutos que dura el video

Y así con todo, todas somos reales, TODAS, la maternidad es eso, tener que elegir, y por tanto no llegar a todo, es equivocarse una y mil veces, gritar como posesas durante un segundo y sentirnos fatal por ello el resto de la tarde, es tener la cocina patas arriba y el salón sin recoger a cambio de poder irte con tu marido y tus hijos a pasar una tarde estupenda a la nieve (mi caso literal del pasado sábado por la tarde).

Cuando comenzó el movimiento “Malas Madres” no me convencía del todo, mi hijo era pequeño y todavía estaba en esa fase de cuento de hadas en la que crees que tu siempre llegarás a todo, que no gritarás, que no tendrás “pensamientos impuros” y que nunca harás cosas de “mala madre” a cambio de un ratito pequeño de relax, pero al final llega un momento en la que ese mito de “madre perfecta” se cae, un momento en el que o decides que como dicen ellas “no eres superwoman” y no llegas a todo, o tienes que ir directa al psiquiátrico ingresada por una crisis enorme de locura y estrés.

No soy perfecta, no llego a todo, sólo soy yo: María, una madre de dos bichines que hace tiempo decidió que lo único que quería en la vida era ser feliz, una madre a la que desde que tuvo a su primer hijo ya no le importa lo que los demás piensen de ella, una mujer que ya no necesita aparentar, que si se arregla y se pone guapa lo hace porque le gusta y quiere sentirse bien consigo misma, y el día que no tiene ganas sale de casa con unas ojeras hasta el suelo, una madre que tiene de nuevo la cocina sin recoger (hay que ver lo poco agradecidas que son las cocinas, todo hay que decirlo, porque aunque las ordenes mil veces siempre parece que no las hayas recogido en tres días), la lavadora sin poner, y que todavía va en pijama a pesar de ser las 11 de la mañana, pero que está aprovechando que su marido trabaja, su hijo está en el cole y su hija duerme para escribir este post y recordar una vez más que como dicen las Malas Madres “no soy perfecta ni pretendo serlo”, sólo quiero ser feliz.

Los cacharros de la cocina, la cama sin hacer o la ropa sin tender nos esperarán el tiempo necesario, pero los momentos que nos perdamos ya no volverán nunca más.

 

 

  One thought on “Yo tampoco llego a todo

  1. Belen
    6 febrero, 2017 en 14:33

    Que razòn tienes, yo prefiero compartir un trabajo manual con ellos a pesar que mi salòn después parezca un bazar chino, verlos bailar como locos aunque mi casa parezca una discoteca, hacer galletas con ellos aunque mi cocina acabe como un cuadro abstracto. Verlos todo guapetones vestidos, aunque a mi no me de tiempo ni a mirarme al espejo…. Es màs, si tuviera que elegir una foto, siempre elegiría esa que los mostrará disfrazados, pintados divirtiéndose y con todo patas arriba, que una foto con ellos posando y todo colocado alrededor, porque la verdadera vida es un poco alocada y no cuadriculada. Así que consejo, no te agobies, nadie recordarà una cocina bien colocada, pero si ese momento en el que hacías galletas con tu madre, ese olor, esa complejidad con tu madre, ese gran momento compartido.

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