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Como os contaba este fin de semana, el pasado miércoles me reincorporaba al trabajo, y antes de ello nos apetecía escaparnos unos días a disfrutar de algo de calma en familia. Teníamos ganas de playa y queríamos algo cercano a Zaragoza, así que nos decidimos por Comarruga, donde ya habíamos estado muy a gusto hacía un par de años.

 

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Nosotros tenemos una caravana con la solemos viajar la mayoría de las veces, pero este año con Inés pequeñita hemos preferido alojarnos en bungalows y apartamentos. Esta vez nos decidimos por los Pierre et Vacances de esta localidad y fueron un gran acierto, pues nos han parecido unos apartamentos perfectos para poder alojarse en familia.

Pierre et Vacances tiene alojamientos por muchas localidades, tanto en España como en el extranjero, pero la verdad es que esta ha sido la primera vez en uno de ellos para nosotros.

Se trata de un complejo de apartamentos (que más bien podrían ser pequeños pisos, porque eran muy amplios), en primera línea de playa, con acceso directo al paseo, y además con piscina, ¡qué más se puede pedir!, por poner un pero diría que no tiene ascensor, pero así entre subir y bajar las escaleras, y seguir el ritmo frenético de Álvaro en la playa, hemos perdido la mitad de los excesos del verano 🙂

Los apartamentos son antiguos, pero la mayoría de las zonas están reformadas. Además están muy limpios y bien cuidados. Como os digo estuvimos genial pues eran muy amplios, el nuestro en concreto (es el que sale en la foto de la web) tenía dos habitaciones independientes, baño, salón, y cocina. Esta última era independiente, lo cual estaba genial, pues normalmente los apartamentos suelen tener la cocina integrada en el mismo salón. Además, tenía una galería que nos vino genial para poder dejar allí las cosas de la playa, tender las toallas…y de ese modo nos evitamos ocupar sitio en la terraza, donde comíamos y cenábamos todos los días con unas preciosas vistas al mar.

Además nos pareció también muy cómodo que tuvieran toallas y sábanas, papel higiénico, y algunas cosas necesarias para la cocina, como estropajo, bayeta o jabón, pues son cosas que en muchos alojamientos toca llevarse de casa.

La zona de playa a la que teníamos acceso estaba limpísima, la arena clara, y tuvimos además los dos extremos en el mar, un par de días con muchas olas en los que bajar a la playa resultaba super divertido (hasta los papis hicimos “surf” con la tabla de Álvaro), y otros dos con el agua super tranquila en los que podíamos meternos sin problema, nadar, bucear y buscar peces.

 

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Por las tardes bajábamos a caminar por el paseo y, como no, hacíamos una visita obligada a las ferias, que estaban muy cerca de nuestro apartamento. Están genial porque salen bastante más económicas que las ferias comunes (8 viajes a 10 euros, por ejemplo); y además había cerquita otra zona con camas elásticas y castillos de todos los tipos. Vamos que sacar a Álvaro de allí era una odisea.

 

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El paseo es muy tranquilo, y por la noche ponían al lado de los apartamentos un pequeño mercadillo con cosas artesanas, ropa, juguetes, libros o chuches entre otras cosas.

Fue un viaje estupendo, que disfrutamos mucho y que nos cargó las pilas para este mes tan duro que nos espera. Un destino más que apuntar en nuestra lista de favoritos y un alojamiento al que estamos seguros de volver.

 

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Y vosotros, ¿qué habéis hecho este verano? Recordar que podéis escribir algún pequeño artículo con recomendaciones…contando lo que más os ha gustado este verano para hacer en familia, y lo publicaremos aquí en el blog en la nueva sección de “colaboraciones”.

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