Seleccionar página

Es posible que si estás embarazada por primera vez, o si todavía no tienes hijos pienses que este post no es para ti; ¿y sabes qué? yo también pensaba que la palabra “colecho” no entraría en mi vocabulario como madre, pero ahora, después de dos hijos, es algo que he puesto en práctica en muchos momentos a lo largo de estos años, y lo mejor: algo que me encanta.

Yo siempre decía que mis hijos no dormirían conmigo, que había que separar la intimidad de la pareja con la de la maternidad, y que no se iban a acostumbrar a eso, pues luego no los podría sacar de la cama.

Cuando nació Álvaro lo pasamos a su habitación con tan solo 3 meses, no fuera a ser que se acostumbrara y luego no lo pudiéramos sacar de allí nunca. ¡Cuánto me he arrepentido de todo eso!, y no por haberlo llevado a cabo, pues es algo que en aquel momento tanto a mi marido como a mí nos pareció lo más adecuado; me he arrepentido porque no era lo que sentíamos, era lo que nos habían hecho creer, e hicieron falta unos cuantos meses para darnos cuenta del rumbo que realmente queríamos tomar como padres.

Es posible que tú tengas hijos y pienses que el colecho no es para ti, es posible también que te encante; a mí todas las opiniones me parecen correctas, siempre que se hayan pensado y valorado con el corazón, con nuestro corazón y nuestro cerebro y no con nuestros oídos, esos que escuchan aquí y allá y que van haciendo caso a todo lo que les cuentan, esos que van dando tumbos hasta que un día se plantan y dejan paso a los que realmente tienen que sentir y tomar las decisiones.

cole

 

Cuando decidimos hacer lo que nos diera la gana lo que nos saliera del corazón, nos dimos cuenta de que Álvaro no quería dormir con nosotros, que echarlo en nuestra cama no servía para nada, ni siquiera para esos sábados en los que se despertaba a las 7 de la mañana e intentábamos apurarlo durmiendo todo lo posible. Hasta que no fue un poquito más mayor (unos dos añitos), no quiso dormir con sus papis. Ahora, con casi 6, está deseando que su padre vaya de noche para poder venirse a nuestra cama y dormir conmigo, a mí me encanta, y luego él vuelve a su habitación sin ningún tipo de problema. A veces incluso hemos dormido todos juntos (hace poco los cuatro en nuestra misma habitación, colchón en el suelo incluido).

La intimidad de pareja no ha desaparecido, no somos pareja sólo mientras dormimos, y os diré algo (sin muchas explicaciones que me lee mi madre 😉 ), con los hijos, si hay algo que se desarrolla en la pareja es la imaginación, y si queréis estar juntos, sea para lo que sea, podréis estarlo en cualquier lugar.

Los hijos no se mal-acostumbran a que les quieran, a sentir a sus padres cerca cuando los necesitan. Muchos de los niños que durmieron con sus padres hasta los 10 años se fueron a estudiar fuera de casa a los 20 y todavía no han vuelto; otros que durmieron solos cada día de su infancia tienen 40 y siguen viviendo en la misma habitación y con sus padres. No es cierto eso de que si duermen contigo nunca se irán de tu cama; igual que con 15 años ya no van en brazos y con 18 no llevan chupete.

 

Después de todo lo que os he contado, no os extrañará que os cuente que con Inés quería utilizar una cuna de colecho, para sentirla cerquita, para no tener que levantarme cada vez que necesitara algo, para asegurarme de que estaba bien cada noche…Pero me daba mucha pena gastarme un dineral siendo que ya teníamos la cuna de su hermano; además muchas opciones de cunita de colecho eran tipo mini-cuna, algo que sólo íbamos a poder utilizar un par de meses.

Ya había desistido cuando se me ocurrió que podríamos probar a montar una cuna de colecho con la cuna normal que nos habían regalado para Álvaro, y la verdad, fue todo un  éxito.

Quitamos un lateral, encajamos la cuna junto a la cama (pues teníamos el hueco justo), ajustamos la altura del colchón al nuestro, y unimos ambos somieres con cintas elásticas resistentes para que la cuna no se pudiera separar.

 

colecho

 

Inés tiene casi 10 meses y ha dormido allí hasta el día de hoy; bueno en realidad hasta ayer, que pasó su primera noche en su habitación, en su camita, porque daba tantas vueltas que ni la cuna abierta le servía. Se daba mil coscorrones y se despertaba muchísimas veces. Probamos a echarla con nosotros, pero al igual que le pasaba a Álvaro, de momento no le servía (ya vendrá cuando sea un poquito más mayor).

Para el cambio, al igual que hicimos con su hermano, hemos sacado la cama bajera de su habitación (tiene cama nido), hemos puesto la barrera que tenía Álvaro en su cama y hemos hecho alrededor un “fuerte” de cojines y almohadas, para evitar que se caiga y para que si lo hace sea con las menores consecuencias posibles. Álvaro siempre fue prudente, pero Inesita es un terremotillo al que no se le pone nada por delante, así que más vale prevenir que curar.

Hemos esperado al momento en el que todos hemos sentido que era hora de hacerlo (de echo en verano probamos a pasarla a su habitación por el calor, pero pronto decidimos que volviera con nosotros, no era el momento oportuno), y me siento feliz por ello.

Podrán venir a nuestra cama siempre que quieran, y jamás me arrepentiré de practicar colecho con ellos, porque me encanta hacerlo, y porque soy totalmente consciente de que los años y momentos que me pierda ahora ya no volverán nunca más 🙂

Share This